Lo más incomprensible del Universo_

es que podamos llegar a comprenderlo._

Einstein_


He amado demasiado a las_
estrellas para temer a la noche_


Epitafio de un astrónomo aficionado_



_
_Una mirada diferente a nuestra compañera de viaje: la Luna
> Tromsø, la capital de la aurora boreal <

Como dijo el explorador austriaco Julius von Payer refiriéndose a la aurora boreal “No hay lápiz que permita dibujarla, ni colores que puedan pintarla, pero tampoco hay palabras que permitan describirla en toda su magnificencia”. Para verla in situ Tromsø es uno de los destinos preferidos entre los cazadores de auroras de todo el mundo.

A 350 km al norte del Círculo Polar Ártico se encuentra la ciudad noruega de Tromsø. Su universidad, fundada en 1968, es la más septentrional del mundo...como también lo son su cervecería, su planetario o su Burger King. Los más de 8000 estudiantes de la Universidad son en parte responsables de que sea considerada la ciudad más animada de Noruega; de hecho, tiene más bares per cápita que ninguna otra en el país. Solo hay tres ciudades al Norte del Círculo Polar Ártico mayores que Tromsø, todas ellas en Rusia: Murmansk, Norilsk y Vorkuta, aunque ninguna llega a los 69° de latitud.

Un fiordo ártico


La Corriente del Golfo permite que el clima de Tromsø sea mucho más cálido de lo que cabría esperar dada su posición geográfica. En invierno no es habitual que las temperaturas desciendan muy por debajo de los –5 °C. A pocos kilómetros hacia el interior, cerca de la frontera finlandesa, en las mismas fechas se alcanzan temperaturas que rondan los –30 °C. Este clima benigno hace de Tromsø un destino muy apetecible para los miles de cazadores de auroras de todo el mundo que cada año visitan la ciudad.

Por si fuera poco, la ciudad cuenta con más de dos mil plazas hoteleras y buenas infraestructuras, es fácil llegar por avión desde Oslo o incluso directamente desde algunos aeropuertos españoles. Alrededor de Tromsø, y también en los Alpes Lyngen, es posible alquilar cabañas de pescadores o casas rurales desde las que observar las auroras.

Dada la cercanía de Tromsø al Ártico, los crepúsculos son muy largos. Desde el 21 de noviembre al 21 de enero el Sol no sale por el horizonte, aunque hay varias horas de luz crepuscular. Desde el 21 de mayo al 21 de julio es posible observar el Sol de medianoche, entre estas fechas el astro rey no se oculta en ningún momento.

Qué visitar

A principios del siglo XX, un viajero dijo de Tromsø que era la “París del Norte”, un calificativo un tanto exagerado en mi opinión. En cualquier caso, hay algunos museos interesantes que merece la pena visitar.

Desde el mirador de Storsteinen, a 421 metros sobre el nivel del mar, se tiene una excelente panorámica del puerto y de toda la isla donde se asienta la ciudad. Al mirador se llega mediante un teleférico construido a principio de los años sesenta del pasado siglo.

Tromsø desde el mirador de Storsteinen


Tromsø ha sido denominada la “Puerta del Ártico” ya que su puerto ha sido el punto de partida de numerosas expediciones polares. Los interesados en la exploración polar no deben perderse el Museo Polar, inaugurado en 1978, justo cincuenta años después de que el explorador Roald Amundsen saliera de Tromsø para ir en pos de su última aventura a bordo del aeroplano Latham. En un antiguo edificio de madera de principios del siglo XIX utilizado originalmente como depósito de aduanas se puede contemplar una interesante colección de objetos sobre los pioneros de los asentamientos árticos, sobre la exploración del archipiélago de Svalbard en los siglos XVII y XVIII y sobre la caza de focas. La segunda planta está dedicada a los grandes nombres de la caza y la exploración ártica: Henry Rudi, Wanny Woldstad, Roald Amundsen y Fridtjof Nansen.

Polaria


Otro museo interesante es el Polaria, su moderno edificio evoca un conjunto de bloques de hielo empujados por el Mar Ártico. En su interior se pueden ver dos películas en cine panorámico, una sobre la naturaleza salvaje del archipiélago de Svalbard y otra, obra del afamado astrofotógrafo local Ole C. Salomonsen, sobre las auroras boreales. El museo cuenta también con un interesante acuario ártico en el que se pueden conocer las principales especies de peces, crustáceos e invertebrados marinos de esta región. Completan las instalaciones la piscina de focas, donde dos veces al día los visitantes tienen ocasión de alimentarlas y ver sus entrenamientos. Al lado del museo Polaria se encuentra el buque Polstjerna (Estrella Polar), un barco dedicado a la caza de focas que estuvo en activo de 1949 a 1981 y que actualmente acoge una exposición sobre los exploradores polares.

Centro de Ciencia del Norte de Noruega


Junto al campus de la Universidad de Tromsø se encuentra el Centro de Ciencia del Norte de Noruega, un museo de ciencia interactivo que hace las delicias de los más pequeños. El centro tiene actividades orientadas a las visitas escolares. En 2013 ha recibido 40.000 visitas, un incremento del 15% respecto al año anterior. El museo cuenta con varias salas dedicadas al cielo, al clima, a la energía y al cuerpo humano. En su interior se encuentra también el Planetario más septentrional del mundo. En este planetario digital se puede ver diariamente un espectacular documental en 360° titulado “Experience Aurore” que explica el fenómeno de la aurora boreal y que supone un excelente preámbulo a la observación de las auroras.

Observando las Luces del Norte

Aunque las auroras están presentes en el cielo durante todo el año, solo pueden observarse desde mediados de septiembre hasta finales de marzo, el resto de los meses ya hay demasiada luz. Por razones no del todo explicadas parece ser que suele haber un repunte de actividad auroral en torno a los equinoccios.

En octubre hice mi primer viaje a Tromsø, coincidiendo con el equinoccio de otoño. En aquella ocasión alquilamos un coche para buscar los mejores sitios. Teníamos previsto incluso llegar al Parque Nacional de Abisko, en Suecia. Por desgracia no hubo suerte, estuvo completamente cubierto durante los días de nuestra visita y volvimos a casa sin haber disfrutado del espectáculo. Octubre, según los registros estadísticos, es el mes con mayor cobertura nubosa de todo el año, así que volvimos a probar suerte a comienzos de diciembre.

Volamos a Tromsø desde Oslo, en el avión ya pudimos ver una aurora justo debajo de Júpiter. Parecía un buen presagio.

Una aurora desde el avión


Cuando llegamos a Tromsø nos dirigimos al hotel directamente desde el aeropuerto. Poco después de registrarnos salimos a ver qué tiempo hacía. Desde la puerta del hotel ya pudimos ver claramente la aurora en el horizonte norte. Nos acercamos a la playa de Telegrafbukta, donde había varios aficionados con los trípodes montados captando imágenes de las auroras.

Aurora en la playa de Telegrafbukta


Para disfrutar del espectáculo en todo su esplendor conviene alejarse de la contaminación lumínica. La oficina de turismo edita un mapa de la región donde están marcados los lugares más adecuados para observar auroras. En esta ocasión, en lugar de buscar un sitio por nuestra cuenta, decidimos ponernos en manos de expertos. Para ello, contamos con la inestimable ayuda de Arctic Guide Service, una empresa especializada que ofrece excursiones de uno o dos días. Alrededor de las seis de la tarde, con los pronósticos meteorológicos más actualizados, se decide el lugar desde donde se va realizar la observación. La previsión del tiempo es la que manda, en ocasiones los autobuses se dirigen a la isla de Kvaløya, para disfrutar de la visión de las luces del Norte junto al mar. Otras veces conviene adentrarse en el interior del continente, cerca de la frontera con Finlandia, para huir de las nubes costeras.

La noche del viernes nos dirigimos a Sommarøy, a 36 km al suroeste de Tromsø, una isla a la que se accede a través de un puente desde la vecina isla de Kvaløya, la isla de la ballena. Sommarøy es un pintoresco lugar con playas de arena y un horizonte envidiable para disfrutar de las luces del norte, desde allí se accede por otro puente a la pequeña isla de Hillesøya.


Auroras en Sommarøy


Parte del encanto de la aurora boreal es su naturaleza impredecible, uno nunca sabe con qué se va a encontrar. La acción combinada del campo magnético terrestre y la actividad solar siempre brinda un espectáculo diferente con movimientos, intensidades y colores distintos en cada ocasión.

Durante varias horas contemplamos un espectáculo inolvidable, la aurora cambiaba a una velocidad tal que era imposible registrarlo con la cámara. Aparecían festones que se rizaban, cortinas y velos delicados que tan pronto aparecían como desaparecían...Durante algunos segundos era posible ver la forma de las líneas del campo magnético terrestre a través de los rayos aurorales que danzaban ante nuestros ojos. Los colores cambiaban, pasando por toda la gama posible desde el verde intenso, al violeta pasando. En algunos momentos se veía el arco del óvalo auroral extendiéndose por todo el cielo de un extremo a otro del horizonte, en ocasiones el arco se desdoblaba y aparecían varios brazos. Hubo varios momentos en que todo el cielo estaba encendido. Yo era de los que pensaban que el mayor espectáculo astronómico era un eclipse total de Sol, pero después una noche así mi opinión es ahora muy diferente.


Auroras en Sommarøy


Al día siguiente las predicciones aconsejaban dirigirse a otro lugar. En esta ocasión buscamos un punto cerca de Skibotn, frente a los Alpes Lyngen, una preciosa cordillera situada entre fiordos con picos de hasta 1800 metros. La noche era más fría, en algunos momentos se rondaron los –15 °C, pero el espectáculo una vez más resultó inolvidable.

Aurora frente a los Alpes Lyngen

Aurora y tormenta al fondo



Desentrañando el misterio de las auroras

Las auroras boreales han sido admiradas y temidas, a partes iguales, por los moradores de las inhóspitas tierras árticas. Para los antiguos vikingos las auroras eran las Valkirias, las mensajeras del dios Odín, que cabalgaban desde el Valhalla para señalar a los que iban a morir en batalla. Los rayos de luz de la aurora eran debidos al brillo de sus lanzas y al reflejo de sus armaduras y el arco auroral era el Bifrost, el mítico puente a través del que las almas de los muertos entraban al otro mundo. Los sami de Laponia temían que el ruido provocara el ataque de las luces, por ello siempre silenciaban los cencerros de sus renos cuando aparecían auroras en el cielo.

La aurora boreal fue uno de los últimos misterios de la Naturaleza por resolver, en esta labor participaron físicos, astrónomos, meteorólogos y químicos. Explicar los colores que se formaban en el cielo era un problema muy difícil a principios del siglo XX. Incluso se planteó si la luz procedía de un elemento químico nuevo, el geocoronio, más ligero que el hidrógeno.

A pesar de haber sido candidato al Premio Nobel hasta en ocho ocasiones, fuera de Escandinavia es poco conocida la figura de Kristian Birkeland (1867-1917), un profesor de la Universidad de Kristiania (en la actualidad, Oslo) que comprendió que las auroras están vinculadas a la actividad solar en una época en la que aún no se había descubierto el electrón ni la existencia de la ionosfera. Convencer a la comunidad científica de la relación entre el Sol y las luces del norte no fue fácil. Lord Kelvin, una vaca sagrada de la Física, había escrito en mayo de 1892 en los Proceedings of the Royal Society que el Sol no podía tener ningún efecto sobre la actividad geomagnética y que la correlación entre las tormentas geomagnéticas y las manchas solares era meramente ilusoria.

Retrato de Kristian Birkeland. Crédito: Wikimedia Commons



Birkeland tenía una sólida formación en matemáticas y como experto en electrodinámica, encontró la primera solución general para las ecuaciones de Maxwell en un medio homogéneo e isotrópico. Una solución que pasó bastante desapercibida entre la comunidad científica internacional, ya que en la época Noruega era una colonia de Suecia luchando por su independencia y con poco peso en la ciencia europea.

En 1895-1896 realizó ensayos sobre rayos catódicos, un trabajo que finalmente sería la base para sus estudios de la aurora boreal, campo en el que investigó durante toda su vida hasta su extraña y prematura muerte ocurrida en un hotel de Tokio en 1917 y atribuida a la paranoia que sufría debido al uso del somnífero Veronal.

La relación entre el Sol y las auroras no era, sin embargo, del todo novedosa. En 1881 el físico alemán Eugen Goldstein (quien acuñó el nombre “rayos catódicos”) había propuesto que Sol emitía al espacio rayos análogos a los rayos catódicos. Esto explicaría la cola de los cometas y, posiblemente, también las auroras. Por su parte, el meteorólogo danés Adam Paulsen sugirió que los rayos catódicos eran la causa de las auroras en un artículo aparecido en 1893, pero sin aceptar que los rayos procedieran directamente del Sol, sino de una fosforescencia en la parte alta de la atmósfera. Lo que diferencia el trabajo de Birkeland de otros investigadores es su base experimental.

Entre 1897 y 1903 Birkeland organizó tres expediciones para estudiar la aurora en territorios situados en Noruega, Islandia, el archipiélago de Svalbard y Nueva Zembla (Rusia). La primera de ellas estuvo a punto de terminar en tragedia. En verano montó un observatorio en Haldde, cerca de la ciudad de Alta, al norte de Tromsø. El viaje para instalarse en el observatorio a pasar el invierno es una de las páginas más duras de la historia de la Ciencia. A las diez de la mañana, a –25 °C se desató una tremenda tormenta. El grupo formado por el guía, Clement Hætta, el profesor Birkeland y los estudiantes Bjørn Helland-Hansen, Elisar Boye, Kristoffer Knudsen y Sam Sæland avanzaba muy despacio en la tempestad con sus trineos tirados por renos. Tardaron seis horas en recorrer un trayecto que se habría recorrido en solo dos horas en condiciones normales. La noche ártica llegó a las cuatro de la tarde, el guía pensó que era demasiado tarde para volver y decidió pasar la noche en los sacos de dormir. Hacía tanto frío que era imposible fundir la nieve, a Helland-Hansen se le congelaron los dedos y habría que amputárselos unos días después. Tras 31 horas bajo la tormenta de nieve lograron llegar al refugio. Birkeland pasó un invierno durísimo en condiciones extremas, midiendo mediante magnetómetros la actividad magnética del cielo. Pronto advirtió que la relación entre las alteraciones del campo magnético terrestre y las auroras boreales era un hecho incontestable.

Las últimas expediciones llevaron a la publicación de la monumental obra The Norwegian Aurora Polaris Expedition 1902-1903, un trabajo de casi 900 páginas en dos volúmenes magníficamente ilustrados.

En septiembre de 1898 se pudo ver una aurora boreal de color rojo en buena parte de Europa. Para los más supersticiosos esto sería el presagio del asesinato de la emperatriz Isabel de Baviera, más conocida como Sissi. Por su parte, Birkeland solicitó a Camille Flammarion del Observatorio de París información sobre la actividad solar en la fecha del asesinato. Flammarion confirmó que tres días antes había pasado por el meridiano solar un grupo de manchas mayor de lo habitual.

Para conseguir fondos para sus investigaciones, Birkeland también dedicó buena parte de su tiempo a aplicaciones prácticas. Entre las sesenta patentes de inventos, la que más beneficios le reportó fue un método para fabricar fertilizantes nitrogenados a partir de aire y un arco eléctrico. Este proceso, desarrollado con su socio, el ingeniero Sam Eyde, dio pie en 1905 a la creación de Norsk Hydro, que sigue siendo a día de hoy una de las principales empresas noruegas dedicadas a las energías renovables y a la fabricación de aluminio.

Birkeland fue el primero en buscar evidencia experimental para la hipótesis corpuscular, para ello realizó una serie de experimentos de laboratorio con una esfera de acero magnetizada, la terrella, que simulaba la Tierra. Entre 1901 y 1913 construyó una serie de cámaras de vacío cada vez mayores y más complejas con las que pudo demostrar de forma práctica el origen de las auroras.




La terrella de Birkeland se puede ver actualmente en el Museo Noruego de la Tecnología (Norsk Teknisk Museum) en Oslo. En 1913, Birkeland y sus ayudantes trabajaron en una terrella de 36 cm de diámetro colocada en una cámara de vacío de un metro cúbico. Bombardeando el ánodo (la terrella) con rayos catódicos consiguió crear auroras artificiales, en forma de anillos de luz alrededor de los polos magnéticos. Birkeland propuso que en las capas superiores de la atmósfera terrestre circulan corrientes eléctricas a lo largo de las líneas de campo magnético. Las denominadas “corrientes de Birkeland” no consiguieron una amplia aceptación entre la comunidad científica hasta 1967 en que se publicaron los resultados obtenidos por un satélite de la Marina de los EE. UU. lanzado cuatro años antes, el 1963-38C, que llevaba a bordo un magnetómetro para realizar mediciones de la ionosfera.

Entrada al Museo Noruego de la Tecnología

La terrella de Birkeland en la actualidad


Kristian Birkeland aparece en el billete de 200 coronas noruegas. En el anverso aparece también la aurora boreal dirigiéndose hacia la Estrella Polar. También se pueden ver las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor y un modelo de su terrella en la esquina inferior izquierda.

En Tromsø se encuentra el Nordlys Observatoriet, el observatorio de la aurora boreal, heredero del trabajo de Birkeland. Este observatorio se fundó en 1926 gracias a una subvención de 75.000 dólares de Rockefeller. En la actualidad permite medir la actividad auroral incluso de día gracias a sus magnetómetros digitales de saturación. La interesante tradición científica y su privilegiada situación dentro del óvalo auroral hacen de Tromsø la auténtica capital de la aurora boreal, un destino astronómico que merece la pena visitar al menos una vez en la vida.



Agradecimientos

Este artículo no habría sido posible sin la colaboración de Eugenia Fierros, de la Oficina de Turismo de Noruega; de Ricardo Torres, guía de Arctic Guide Service y de Anne Bruvold, asesora científica del Centro de Ciencia del Norte de Noruega. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento.

Bibliografía

BIRKELAND, K. The Norwegian Aurora Polaris Expedition 1902-1903. A. W. Broggers Printing Office. 1908
EGELAND, A. y BURKE, W. J. Kristian Birkeland’s pioneering investigations of geomagnetic disturbances. History of Geo and Space Sciences. Vol. 1, 13–24 (2010)
EATHER, Robert H. Majestic Lights: The Aurora in Science, History and the Arts. Amer Geophysical Union.1980
JAGO, Lucy. The Northern Lights. Vintage Books. 2002
KRAGH, Helge. The green line: a chapter in the history of auroral physics. Astronomy & Geophysics. Vol. 50, Issue 5: 5.25-5.28 (2009)
KRAGH, Helge. Nordic cosmogonies: Birkeland, Arrhenius and fin-de-siècle cosmical physics. European Physical Journal H. 38, 549-572 (2013)

Para obtener más información:
Visit Tromsø
Arctic Guide Service
Cuaderno de viaje: Tromsø

Artículo publicado originalmente en la serie Destinos Astronómicos de la revista AstronomíA, 177 (marzo de 2014).

Enlace 2014-10-15, 13:35 | 0 comentarios

> La Luna de Julius Grimm <

Desde antiguo, la Luna ha sido un tema recurrente en el arte. La primera representación fidedigna de nuestro satélite probablemente sea la que aparece en La Crucifixión del pintor flamenco Jan Van Eyck (1395? - 1441). El pintor representó la Luna tal y como la veía, casi un siglo antes de los famosos bocetos de Leonardo da Vinci que durante mucho tiempo han sido considerados los dibujos detallados más antiguos sobre la Luna. La primera representación de la Luna tal como se ve al telescopio es obra de Lodovico Cardi (1559-1613), conocido como Cigoli, quien se inspiró en los grabados del Sidereus Nuncius de Galileo para pintar la Luna a los pies de la Inmaculada en la Capilla Paolina de la iglesia de Santa Maria Maggiore en Roma. Pero ningún cuadro se acerca al detalle conseguido en este óleo de Julius Grimm (1842-1906), un pionero de la fotografía que, de hecho, ostentaba el cargo de fotógrafo de la corte (Hofphotograph) de Baden. El cuadro fue presentado al Gran Duque Federico I de Baden en 1888.



Grimm había logrado cierta notoriedad tras la publicación en 1881 de su Atlas der Astrophysik, gracias a sus técnicas de cartografía lunar. El Gran Duque estaba fascinado por la Astronomía y, durante una audiencia en noviembre de 1887, Grimm le mostró algunas de sus fotografías lunares. Al poco tiempo, Grimm emprendió el ambicioso proyecto de hacer un óleo de la Luna para presentárselo a Federico I de Baden.

El valor de la pintura es aún mayor si se compara con los mapas selenográficos de la época. En el cuadro se puede ver una flecha a la izquierda de la Luna que indica la dirección de iluminación adoptada por el autor. La Luna aparece con el Polo Norte en la parte inferior sobre fondo negro. Las sombras superficiales se pintaron tomando como referencia una serie de fotografías de la Luna en distinta fase, de modo que hay un ángulo de iluminación constante. Esta técnica es la que utilizan actualmente programas como el Atlas Virtual de la Luna, pero Grimm lo hizo todo mentalmente y con la única ayuda de su pincel. El aspecto del globo lunar completo es imposible en la realidad, pero permite hacerse una idea bastante acertada de la orografía de nuestro satélite. Las imágenes de partida se captaron con un refractor de 3 o 4 pulgadas.

El cuadro presenta un aspecto tridimensional notable gracias al uso de las sombras. Los sistemas radiales de los grandes cráteres de impacto Tycho, Copernicus y Kepler están plasmados de forma muy delicada. En los mares se aprecian variaciones de tonalidad y algunas formaciones aparecen notablemente exageradas, por el ejemplo el Vallis Alpes, con un profundo corte ciertamente alejado de la realidad.

El óleo pertenece actualmente a la colección del anticuario Carlton Hobbs, especialista en la adquisición, conservación y estudio de mobiliario británico y europeo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Charles Wood eligió este cuadro como Lunar Picture of the Day (LPOD) el 24 de marzo de 2014.

Artículo publicado originalmente en mi sección La Cara Oculta en la revista AstronomíA, 183 (septiembre de 2014).

Enlace 2014-10-08, 10:25 | 2 comentarios

> Simon Marius, el rival de Galileo <

Este año se conmemora el cuarto centenario de la publicación de Mundus Iovialis, una polémica obra en la que Simon Marius detallaba el descubrimiento de las lunas de Júpiter y que le valió una agria disputa con Galileo Galilei.

Simon Mayr (1573–1624), latinizado Marius, era hijo de un tonelero y nació en Gunzenhausen, una localidad bávara cercana a Nuremberg, si bien pasó casi toda su vida en Ansbach, donde durante dieciocho años ostentó el cargo de astrónomo de la corte de los margraves.

Su entrada en la corte fue fruto del azar. Se cuenta que en cierta ocasión el margrave Georg Friedrich escuchó cantar al pequeño Marius y al regente debió agradarle, ya que en 1586 lo acogió en su colegio para príncipes de Heilsbronn al que Simon asistió hasta 1601. Ese mismo año visitó a Tycho Brahe en Praga y también conoció a David Fabricius; posteriormente estudió medicina en Padua, donde probablemente conoció a Galileo, profesor de matemáticas de aquella universidad.

Además de médico, Simon Marius fue un excelente matemático. Tradujo al alemán los primeros seis libros de los Elementos de Euclides y publicó un buen número de almanaques, los Prognosticon astrologicum, con predicciones de carácter astrológico. Incluso antes de la invención del telescopio demostró ser un hábil observador, publicó sus observaciones del cometa de 1596 y determinó de forma precisa la posición de la supernova de 1604 que había aparecido en la constelación de Ofiuco.



En el verano de 1609 consiguió un telescopio de fabricación belga gracias a su mentor, Philipp Fuchs von Bimbach. Según sus propias anotaciones, el 29 de diciembre de 1609 (fecha correspondiente al calendario juliano), es decir, un día después que Galileo, descubrió los cuatro satélites principales de Júpiter. Marius quizás no fue consciente del alcance del descubrimiento y, por ello, publicó su obra cuatro años después que Galileo. El astrónomo de Pisa lo acusó de plagio en Il Saggiatore. De todas formas, la primera acusación había partido de un compatriota, el jesuita Christoph Scheiner, quien lo había tachado de calvinista y plagiador. Actualmente, los historiadores de la ciencia aceptan que Marius descubrió las lunas galileanas de forma totalmente independiente. De hecho, Marius hizo referencia a una serie de detalles en los que Galileo no reparó. Observó que el plano orbital de las lunas de Júpiter está ligeramente inclinado respecto al plano ecuatorial del planeta y de la eclíptica, lo que explicaba las discrepancias en latitud observadas. Además observó cambios en el brillo de las lunas y calculó las tablas correspondientes para los años 1608 a 1630.

Los nombres de las cuatro lunas: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto aparecieron por primera vez en una publicación Marius de 1614, si bien la idea original corresponde a Johannes Kepler. Los nombres actuales no se utilizaron hasta que John Herschel popularizó esta nomenclatura a mediados del siglo XIX.

Además de observar Venus y las manchas solares al telescopio, fue el primer europeo en hacer mención de la Nebulosa de Andrómeda. Simon Marius fue un firme defensor del sistema ticónico y sus observaciones de estrellas no hicieron sino reafirmar su postura. Marius estaba convencido de que al telescopio podían verse los discos de las estrellas y que estas no estaban tan lejos como proponía el modelo copernicano.

Dentro de los actos del centenario de la publicación de la obra cumbre de Simon Marius, la Unión Astronómica Internacional ha acordado denominar al asteroide 1980 SM como (7984) Marius. Este pequeño cuerpo situado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter fue descubierto el 29 de septiembre de 1980 por la astrónoma Zdeňka Vávrová desde el Observatorio de Kleť (República Checa). Este reconocimiento se suma a las notables formaciones lunares de las Colinas de Marius y la Rima Marius que rinden homenaje a la denostada figura del astrónomo bávaro.

Artículo publicado originalmente en mi sección La Cara Oculta en la revista AstronomíA, 180 (junio de 2014).

Enlace 2014-10-01, 10:52 | 1 comentarios

> El juicio de Osnabrück <

En el artículo anterior de La cara oculta vimos cómo el astrónomo William Herschel defendía en 1795 que el Sol podía albergar vida en su interior. En esta ocasión veremos las repercusiones de esta idea en fechas relativamente cercanas.

En 1951, un ingeniero septuagenario de la ciudad alemana de Osnabrück (Baja Sajonia) llamado G. Büren declaró frente a un tribunal que “Las manchas solares no son manchas, sino agujeros. Son oscuras, lo que significa que el interior del Sol es más frío que su exterior. Siendo esto así, debe existir vegetación y el núcleo del sol debe ser habitable”. El reclamante era una asociación astronómica, la Astronomische Gesellschaft (A. G.) a la que pertenecían casi todos los astrónomos profesionales de Alemania y muchos otros del extranjero.

Büren era un astrónomo aficionado de sillón, sus vecinos aseguraron en el juicio que nunca había mirado por un telescopio. Según su propio relato, todo empezó a raíz de haber leído una estimación del interior de la temperatura del Sol. Según Sir Arthur Eddington el valor debía rondar los 40 millones de grados, para Büren esto era tan disparatado que dio una conferencia sobre la cuestión a los alumnos de la Escuela Superior de su ciudad. La conferencia, lejos de fomentar el debate y suscitar una respuesta por parte de la comunidad científica, pasó sin pena ni gloria. Así que Büren adoptó un plan mucho más audaz, ofreció un premio de 25.000 marcos (el equivalente a unos 50.000 euros en la actualidad) a quien fuera capaz de aportar pruebas de que el Sol no es habitable y una suma similar a quien pudiera demostrar las altas temperaturas y presiones que los astrónomos aseguraban que existían en el interior del Sol y de Sirio.



Esta vez la Astronomische Gesellschaft no dejó escapar la ocasión y tres destacados miembros de la asociación, el profesor Otto Heckmann de Hamburgo; el profesor Ludwig Biermann de Gotinga y el profesor Hans Siedentopf de Tubinga, presentaron pruebas que demostraban a todas luces que la habitabilidad del Sol era una insensatez. Sin embargo, no se pronunciaron respecto a la segunda cuestión, la de las temperaturas y presiones.

Se nombró a un jurado formado por tres científicos respetados que, obviamente, no debían ser miembros de la Astronomische Gesellschaft: el premio Nobel de física Werner Heisenberg, padre del famoso principio de incertidumbre; el astrofísico Schäfer de Colonia y un abogado de Hamburgo, llamado Fischer.

El jurado se reunió en Hanóver en septiembre de 1951 y estimó que las pruebas aportadas por la Astronomische Gesellschaft eran válidas y que Büren tenía que pagar. Pero el ingeniero rechazó el veredicto aduciendo que las pruebas aportadas no le resultaban convincentes.

Por extraño que parezca, el asunto acabó en los tribunales en Osnabrück, que confirmaron el veredicto del comité científico. Büren recurrió en segunda instancia en Oldenburg y en junio de 1953 se rechazó su apelación y se estableció la obligación de hacer frente al pago de los 25.000 marcos. La sala de vistas estaba abarrotada, Büren no podía ocultar su tensión e intentó discutir sobre la materia, pero el presidente del tribunal se lo impidió asegurando que lo que se estaba dirimiendo era su obligación a pagar o no. Las causas científicas ya se habían establecido en primera instancia y no cabía recurso.

Aunque el abogado de Büren intentó recurrir a una instancia superior en Karlsruhe, la muerte de su cliente en 1954 hizo que no se llevara a cabo. En 1956 la Astronomische Gesellschaft recibió el dinero de la herencia, de los que un 7% se habían quedado por el camino para el pago de costas y otros procedimientos legales. La asociación creó un fondo para el fomento de la astronomía, especialmente entre los jóvenes y, de este modo, el nombre de Büren ha pasado a la historia por convertirse en mecenas de la ciencia a pesar de sí mismo.

Artículo publicado originalmente en mi sección La Cara Oculta en la revista AstronomíA, 179 (mayo de 2014).


Enlace 2014-09-25, 11:47 | 2 comentarios

> Conjunción Saturno-Luna-Marte <

Ayer domingo pudimos observar una bonita conjunción de Saturno, la Luna y Marte.



La Luna no llegó a ocultar a Saturno, como en otras ocasiones, con el refractor se pudo ver así de cerca:



Enlace 2014-09-01, 08:24 | 3 comentarios

> Cometa C/2014 E2 (Jacques) <

A principios de este año, la noche del 13 de marzo de 2014, los astrónomos brasileños Cristóvão Jacques Lage de Faria, Eduardo Pimentel y João Ribeiro de Barros descubrieron un cometa con el reflector de 45 cm (17,7 pulgadas) f/2.9 del Southern Observatory for Near Earth Asteroids Research (SONEAR), situado cerca de Oliveira en Minas Gerais.

Ahora es un objeto cómodamente situado para los observadores del Hemisferio Norte. El cometa recorre estos días la constelación de Casiopea.

Ayer lo busqué con las efemérides del interesante planetario para iPad Sky Safari 4 Pro y conseguí verlo con prismáticos, en el límite de visibilidad, desde pleno centro de Córdoba, en un cielo con bastante contaminación lumínica.



A pesar de no tener el equipo en estación y con las dificultades propias de un cielo con mucha contaminación lumínica no quise dejar pasar la ocasión y le hice una foto rápida. En la imagen se puede ver que el cometa, de un intenso color verdoso-azulado, se ha desplazado en los 10 minutos de exposición que tiene la imagen. Su movimiento es evidente en el transcurso de pocos minutos.




El elemento dominante en el espectro de muchos cometas es el carbono diatómico (C2) que presenta una línea espectral verde. Esta sustancia es frecuente en la atmósfera de los cometas y se ve de color verde al ser iluminada por la luz solar en el entorno de casi vacío del espacio. El espectro también muestra una línea de emisión más débil en azul del C2. La mezcla de luz verde y azul del cometa le da ese tono aguamarina tan característico y que se puede ver en las fotos.

El perigeo (máximo acercamiento a la Tierra) se producirá el próximo jueves 28 de agosto, cuando estará a tan solo 0.56 unidades astronómicas (84.000.000 km) de nuestro planeta, así que todavía tenemos unos días para disfrutar del espectáculo.

Enlace 2014-08-25, 17:10 | 0 comentarios

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Un velero estelar


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