Lo más incomprensible del Universo_

es que podamos llegar a comprenderlo._

Einstein_


He amado demasiado a las_
estrellas para temer a la noche_


Epitafio de un astrónomo aficionado_



_
_Una mirada diferente a nuestra compañera de viaje: la Luna
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> El divino cielo de Julius Schiller <

Entre el inicio del pontificado del papa Pío IV en 1560 y la firma de la Paz de Westfalia en 1648, la iglesia llevó a cabo un inmenso esfuerzo por renovar la fe católica y por poner freno al avance de las doctrinas protestantes. Esta Contrarreforma tuvo una influencia tremenda en todos los aspectos sociales de la época: en la política, en el culto, en las festividades, en el arte (con el advenimiento del Barroco) y, como no podía ser de otro modo, también en la Astronomía.

Poco después del Concilio de Trento, el papa Papa Gregorio XIII dicta la bula Inter Gravissimas que pondría los cimientos de la renovación del calendario juliano. Era necesario hacer concordar la fecha de la celebración de la Pascua con los fenómenos celestes. Numerosos astrónomos se dedicaron a la reforma gregoriana, para ello comenzaron a estudiar en detalle los movimientos del Sol sirviéndose de meridianas y otros ingeniosos instrumentos.

El segundo aspecto de la Contrarreforma que acabó por afectar a la astronomía fue mucho menos agradable, en la sesión XVIII del Concilio de Trento, celebrada el 26 de febrero de 1562, se estableció la necesidad de una lista de libros prohibidos que velase por el correcto adoctrinamiento de los fieles. En el Index librorum prohibitorum et expurgatorum acabarían por estar las obras fundamentales de la revolución copernicana, no solo De revolutionibus orbis coelestium de Copérnico, también las obras de Galileo y de Kepler. La lista oficial se mantuvo en vigor hasta fechas muy recientes (14 de junio de 1966) y los atrevidos que osaban leer libros prohibidos eran excomulgados.

Entre las medidas que se decidió adoptar en el Concilio de Trento destacan la revitalización de la meditación y la oración, así como el control de las pasiones de los individuos; el examen cotidiano de la conciencia y la confesión; la celebración de fiestas anuales en honor de los santos y las advocaciones a la Virgen María. En este sentido los curas debían formarse y ser capaces de determinar por sus propios medios la fecha de las principales festividades. En definitiva, cualquier aspecto que sirviera para acercar al individuo a Dios era bienvenido. Es en este contexto donde debemos enmarcar la obra de Julius Schiller, un abogado y astrónomo aficionado alemán que en 1627, el mismo año de su muerte, publicó Coelum Stellatum Christianum. En esta obra sustituye las constelaciones clásicas por personajes y elementos de la Biblia o de la tradición católica. El atlas de Schiller consta de 54 constelaciones divididas en dos hemisferios, las situadas al norte de la eclíptica están dedicadas al Nuevo Testamento y las situadas al sur al Antiguo Testamento.





Schiller contó con la ayuda de Johann Bayer, que en 1603 había publicado Uranometría, una de las obras principales de la Edad de Oro de la cartografía celeste. Los jesuitas Johann Baptist Cysat, Paul Guldin y Matthew Rader convirtieron las constelaciones griegas en sus contrapartidas judeocristianas. Wilhelm Schickard, astrónomo y profesor de lenguas orientales de la Universidad de Tubinga, proporcionó la tabla con el alifato árabe y los nombres de las estrellas y las constelaciones. Kaspar Schecks colocó las estrellas sobre las planchas de cobre, Johann Mathias Kager dibujó las figuras de las constelaciones y Lucas Kilian realizó los grabados. Por último, Jacob Bartsch, yerno de Kepler, proporcionó diversas tablas astronómicas y supervisó la publicación de la obra tras la muerte de Schiller.

A pesar de que, afortunadamente, la propuesta de Schiller pasara sin pena, ni gloria, hay que reconocer que los mapas tienen una calidad indudable, la graduación de las magnitudes esterares es bastante buena, se incluyen tres estrellas nuevas (por ejemplo la nova que apareció en 1604 en Ofiuco), así como algunas nebulosas recién descubiertas con el telescopio. De hecho, el mapa de Schiller es el primero en el que aparece representada la Nebulosa de Andrómeda (M31), aunque esta galaxia tan conocida es visible a simple vista, Ptolomeo no la registró y los astrónomos medievales y renacentistas tampoco demostraron darse cuenta de su existencia.

La flecha señala la posición de la nebulosa en la constelación del Santo Sepulcro


Las doce constelaciones zodiacales son sustituidas por los doce apóstoles,aunque reemplazando a Judas Iscariote, el discípulo traidor, por San Matías, el nuevo apóstol elegido por sorteo para completar la docena.


San Pedro sustituye a Aries

San Andrés sustituye a Tauro

San Juan Evangelista sustituye a Cáncer


En su afán por alejar todo rastro de paganismo de los cielos, Schiller también sustituyó los planetas por personajes cristianos. La eclíptica aparece en su obra como Via Beatorum Omnium ("El camino de todos los beatos") y reemplaza al Sol por Cristo; a Mercurio por Elías; a Venus por San Juan Bautista; a Marte por Josué; a Júpiter por Moisés; a Saturno por Adán y a la Luna, en fin, por la Virgen María.



Algunas de las constelaciones conservan parte de la simbología antigua, aunque siempre adaptada a la tradición cristiana. Es el caso, por ejemplo, de Corona Borealis, que se transforma en Corona XPI Spinea, es decir, la Corona de Espinas; Ara que se transforma en Altare Thymiamatis (el Altar de Incienso); Sagitta, transformada en Clavi et Lancea XPI (los clavos y la lanza de Cristo); Corona Australis convertida en Diadema Salomonis (la Diadema de Salomón). Lo mismo ocurre con Argo Navis, el barco de los argonautas, una antigua constelación descrita por Ptolomeo que Schiller transforma en otro barco mítico: el Arca de Noé. En la actualidad esta constelación está dividida en las constelaciones de Carina (la Quilla), Puppis (la Popa) y Vela (la Vela) a raíz de los cambios introducidos en el siglo XVIII por Nicolas-Louis de Lacaille.



Todo lo contrario sucede con la constelación schilleriana Columba Noachi (la Paloma de Noé), que Augustin Royer introducirá como constelación independiente del Can Mayor denominándola Columba (la Paloma) en 1679. En honor a la verdad hay que decir que Johann Bayer, que había colaborado con Schiller, ya la había introducido en sus mapas, pero será Royer quien la popularice.



La constelación de Eridano, el río, se transforma en Transitus Israel per Mare Rubrum, es decir, el Paso de Israel por el Mar Rojo.



En las constelaciones no solo aparecen personajes, animales y objetos. También encontramos símbolos, como en el caso de la constelación de Signum Tau (El Signo de Tau) que hace referencia a la cruz franciscana o cruz de San Antón. Junto a esta constelación encontramos la constelación de Eva, con la manzana en la mano.



La constelación del Can Menor se transforma en Agnus Paschalis (el Cordero Pascual).



En la siguiente tabla podemos ver todas las equivalencias:



Como decía antes, la obra de Schiller no recibió una acogida muy entusiasta, ni siquiera en el seno de la propia Iglesia, quedando como una mera curiosidad sin mucho sentido práctico. Pero Andreas Cellarius, autor de uno de los atlas celestes más hermosos de todos los tiempos, decidió recoger el cielo de Schiller en dos láminas de su magna obra Harmonia Macrocósmica y gracias a ello la propuesta de cristianizar el cielo consiguió una circulación mucho más amplia que en la obra original. Las siguientes imágenes se pueden ampliar bastante para ver en detalle las láminas.

Andreas Cellarius, Harmonia Macrocosmica, Clic para ampliar

Andreas Cellarius, Harmonia Macrocosmica, Clic para ampliar


Para saber más:

Coelum Stellatum Christianum se puede consultar en línea en la magnífica biblioteca virtual Linda Hall Library.
Atlas Coelestis
Wikipedia
VAN GENT, ROBERT H. THE FINEST ATLAS OF THE HEAVENS - CELLARIUS, HARMONIA MACROCOSMICA. TASCHEN, Colonia, 2012. (Enlace a la editorial)
KANAS, NICK. STAR MAPS. History, Artistry and Cartography. Second Edition. Springer, Nueva York, 2012. (Enlace a la editorial)
ALLEN, RICHARD H. STAR NAMES. Their Lore and Meaning. Dover, Nueva York, 1963.(Enlace a Google Books)
HEILBRON, J. L. THE SUN IN THE CHURCH: Cathedrals As Solar Observatories. Harvard University Press, 2001. (Enlace a Google Books).

Enlace 2012-12-03, 11:24 | 8 comentarios

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Comentarios

1
De: Rafael Enríquez Fecha: 2012-12-04 21:14

El artículo está genial. No voy a entrar a valorar la intromisión de la Iglesia en una tradición tan arraigada, simplemente, mostrar mi admiración ante la belleza de los trabajos aquí presentados, obras de arte únicas.



2
De: rvr Fecha: 2012-12-05 00:22

Genial, como siempre, Paco. Me he quedado con una duda. En la introducción del artículo mencionas que el trabajo de Schiller está relacionado con la Contrarreforma. Sin embargo, su origen es alemán. ¿Julius era protestante o católico?



3
De: Mizar Fecha: 2012-12-05 00:30

Julius Schiller era un ferviente católico, de hecho sus ayudantes en la catolización del cielo fueron jesuitas, una orden religiosa nueva que también nació como consecuencia del Concilio de Trente. Era alemán pero, como sabes, el país estaba dividido por ciudades, unas con predominio protestante y otras con mayoría católica.



4
De: Dani Fecha: 2012-12-06 10:15

Absolutamente genial, Paco.

Salud!



5
De: Miguel Angel Fecha: 2012-12-08 13:57

maravilloso Paco. me ha encantado saver que Sn miguel esta en la estrella polar si no me equivoco



6
De: ana Fecha: 2013-01-21 20:13

me encantan estas ilustraciones! Son.. toda una inspiración... :)



7
De: gustavo nuño pelayo Fecha: 2013-02-24 05:33

constelasión



8
De: gustavo nuño pelayo Fecha: 2013-02-24 05:34

aprovechalo para que encuentres la maravilla de dios



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