En los últimos años de siglo XIX la moda venía de Oriente, las traducciones de
Las mil y una noches y del
Kamasutra hacían volar la imaginación de nuestros tatarabuelos con su explícito erotismo. La moda orientalista también llegó al arte y surgió un movimiento de pintores que buscaba inspiración en escenas ambientadas en los países árabes. Entre las figuras más destacadas de esta moda se encuentran
Jean Auguste Dominique Ingres (1780–1867), con sus famosas pinturas de baños turcos, y
Eugène Delacroix (1798–1863). En España uno de los representantes más sobresalientes del orientalismo fue
Mariano Fortuny (1838-1874), quien viajó a Marruecos a la búsqueda de escenas pintorescas y puso de moda el mito de la odalisca en la pintura nacional.
Menos conocida es la figura de
Luis Falero, un pintor nacido en Granada en 1851. Era hijo de una familia acomodada y también es conocido como Duque de Labranzano. Su precocidad y talento hicieron que con tan solo siete años de edad fuera enviado a un colegio de Richmond (Reino Unido) para aprender inglés y la técnica de la acuarela. Dos años después salió de Inglaterra para continuar estudios en París. Siguiendo los deseos de sus padres volvió a España para forjarse un futuro como militar en la Marina. No obstante, a los 16 años abandonó el servicio, con gran disgusto de su padre, y regresó a París para emprender estudios química e ingeniería mecánica. Durante esta etapa realizó retratos para costearse los estudios y siguió estudiando arte. En el campo técnico inventó un procedimiento de preparación industrial del oxígeno en 1874 y diversos tipos de generadores eléctricos. Pero su interés por la ciencia no duraría mucho tiempo, algunos de sus experimentos le parecieron tan peligrosos que decidió abandonar y dedicarse por completo al arte.
Ninfa de la Luna
Los títulos de muchas de sus obras:
El matrimonio de un cometa,
Estrellas dobles,
Zodiaco,
Venus atestiguan la gran afición a la astronomía del pintor. En sus obras, Falero combina astronomía y desnudos, sus dos pasiones. Las modelos, siempre ataviadas al gusto oriental, aparecen frente a paisajes astronómicos. Otros temas de sus obras son la magia (corros de hadas, brujas a lomos de escobas) y las escenas mitológicas u orientales, siempre con las jóvenes desnudas como leitmotiv. No resulta sorprendente que sus cuadros fueran tildados de pornográficos en España, por el contrario en Francia consiguieron un notable éxito. Sus amplios conocimientos astronómicos y su habilidad con el pincel le valieron el encargo de ilustrar algunas obras del gran divulgador francés
Camille Flammarion.
Libra
Ninfas a la luz de la Luna
Sus últimos años de vida los pasó en Londres, donde se estableció como pintor a principios de la década de 1880. En 1896 Maud Harvey, que había trabajado primero como criada y después como modelo al servicio del artista, presentó una demanda de paternidad contra Falero. La joven, que contaba con diecisiete años de edad, fue despedida una vez que se descubrió su embarazo. El pintor no respetó su promesa de colaborar económicamente a la manutención del recién nacido, así que el asunto acabó en los tribunales que acabaron por dar la razón a la madre y estipularon una paga semanal de cinco chelines. Ese mismo año el pintor murió a la edad de 45 años. Buena parte de la obra de Falero se encuentra en colecciones privadas y en los últimos años no es extraño encontrar su nombre en los catálogos de las casas de subastas más prestigiosas del mundo.
Hada bajo un cielo estrellado
Estrella doble
Artículo publicado originalmente en mi sección
La Cara Oculta en la revista
AstronomíA, 161 (noviembre de 2012).
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2012-12-13, 19:19 | 1 comentarios